Uno robado

No puedo escribir mis versos más serena esta noche. El silencio es profundo, pero está lleno de ecos que no logro callar.

En este instante, al mirarme en el reflejo descubro algo que no había visto antes. Mi corazón, que solía buscar fuera de mí lo que necesitaba, ahora entiende que lo que ansío está, en realidad, dentro de mí. La serenidad no llega de un encuentro. 

No puedo evitar pensar en todos esos momentos en los que me olvidé, en los que busqué en otros lo que ya tenía dentro, como si mi propio ser fuera insuficiente. Y en esa búsqueda me perdí, creyendo que el amor debía llegar de fuera para completarme, cuando en realidad siempre he sido un todo, aunque no lo supiera.

Hoy, en esta noche tranquila, mis versos surgen no de la necesidad de ser amada, sino de la aceptación de que soy suficiente. Cada palabra que escribo es un reflejo de lo que he aprendido: que el amor propio no se pide, se gana. Se encuentra en la quietud, en el respeto por uno mismo y en la aceptación de nuestras imperfecciones.

Así que no escribo mis versos hoy para buscar consuelo, ni para llenar un vacío. Los escribo para mí, porque en este momento me reconozco como el principio y el fin. Y aunque a veces me sienta vulnerable, sé que esa vulnerabilidad es una fuerza, un acto de valentía que me permite seguir adelante, aprender y crecer.

Esta noche, mis versos son míos. Son el eco de un amor que no necesita ser robado. 



Comentarios

Escritos populares