Reconocimiento
A lo largo de estos años, me he encontrado con numerosas barreras. Pero, si soy honesta, las más altas no estaban fuera de mí, sino dentro. Eran las que yo misma me imponía. Durante mucho tiempo, me dediqué a estudiar, a esforzarme y a alcanzar objetivos. Pero lo hacía como si fuera una carrera interminable, en la que cada meta lograda solo daba paso a otra nueva, sin tiempo para celebrar ni reconocer mis logros.
No me protegía. Me exigía tanto que llegué a sentirme ahogada, atrapada en un ciclo de expectativas que parecían no tener fin. La presión era constante, pero no venía de los demás. Era mía. Y, aunque esa autoexigencia me llevó a crecer en muchos aspectos, también me pasó factura.
Es fácil olvidarse de uno mismo cuando estamos constantemente buscando cumplir con estándares que, muchas veces, nadie más nos pide. A veces es necesario parar y recordarnos que no somos máquinas de productividad, sino personas. Personas que necesitan descansar, disfrutar de las pequeñas victorias, y, sobre todo, abrazar sus imperfecciones. Permitir que otros nos valoren por quienes realmente somos, sin sentir la necesidad de ofrecer una versión perfeccionada de nosotros mismos.
Hoy quiero parar un momento y reflexionar. Darme cuenta de lo lejos que he llegado, no solo profesionalmente, sino también como persona. Aprender a celebrar, a respirar, y a cuidarme. Porque, si no lo hacemos por nosotros mismos, ¿Quién lo hará?
Por mi.
Comentarios
Publicar un comentario